Hermana, que cosas tan bellas te han de decir, poesías, memorias y comunicaciones sin fin.
Tu has sido elegida para escribir una pequeña doctrina espiritual, que es lo mismo que decir la doctrina de Dios.
Ya te la inspirarán y conforme la vayas escribiendo verás que transformación se opera en ti.
Sigue adelante, hermana, pues muchos son los que entran, pero pocos son elegidos.
Aclaración: Después de escribir este mensaje transcurrió un cierto tiempo y, a través de varios escritos el hermano que se denomina como soldado de Cristo, me inspiró lo siguiente:
¿Que es la doctrina de Dios?. La doctrina de Dios está fundada en el amor al prójimo.
A Dios se le atribuyen muchas doctrinas, pero algunas de ellas, solamente son empleadas como negocio de quienes las predican. Entonces esas doctrinas no son verdaderas porque sólo sirven para que los que las escribieron se lucren de ella como si fuera un negocio cualquiera.
No es necesario que para adorar a Dios nos metamos en un templo que los mortales han construido en su nombre para morada y beneficio, exclusivamente suyo, pues si vamos a uno de estos lugares veremos que se hace todo menos adorar a Dios.
En el hogar, en el campo, en la calle, incluso en el trabajo, se puede adorar a Dios, pues solamente es necesario poner el pensamiento en él, de corazón y de este modo sentirle plenamente dentro de nosotros mismos.
Hay una plegaria que quiero hacer constar en este escrito: Dios Todopoderoso, dígnate dirigir tu mirada sobre esta humilde sierva tuya para que mi corazón deseche toda la maldad que pueda albergar en él y de este modo hacerme más merecedora de tus gracias. Te lo pido de corazón o Dios Salvador.
Esta pequeña plegaria, dicha con el corazón, en cualquier momento y a cualquier hora del día llega hasta Dios con más fuerza que una oración dicha en un templo.
Esta plegaria y muchas otras son las que imperan en la doctrina de Dios, son plegarias de amor para sus hijos.
Aunque la humanidad no está todavía preparada para cumplir con el Santo deber que Dios les impuso, se espera que en los siglos venideros sufra la tierra una transformación total y entonces los hijos que nazcan ya vendrán preparados para cumplir el cometido que les traerá a la tierra.
Se acabarán los odios y la maldad, la envidia y la hipocresía y Dios imperará en todos los corazones.
Los hermanos que hoy ya no existen en la tierra, son los que velan desde el más allá, por nosotros, para que sepamos caminar por la tierra limpiamente.
Existen muchas personas que todavía no comprenden el alcance de la palabra de Dios, aunque ellos creen que sí, pues si lo hicieran hayarían que Dios no es como ellos se inaginan o como les hacen creer. Dios es una masa informe, sin cuerpo, nadie, ni los hermanos que estamos más próximos a él hemos podido verlo, porque para ver a Dios tendríamos que ser como él y eso es imposible, Dios es la pureza, la bondad, el amor y la fuerza que lo mueve todo y todo lo rige y para hacernos dignos hijos de él debemos vivir en la tierra sin maldad, con serenidad y resignación para superar todas las pruebas que nos depare, pues las penalidades que sucedan en la tierra son un eslabón para lo que nos une al infinito y cuanto mejor marchemos por la tierra mayor será nuestro premio en el más allá.
Por lo tanto hay que cumplir con su Santa Doctrina y vivir pensado que donde él se encuentra hay un lugar para nosotros.
Esta doctrina debería conocerla toda la humanidad, pues así procurarían vivir todos en más gracia de Dios y para no extendernos más, diremos que cumpliendo con todo lo que Dios nos ha enseñado podremos alcanzar la salvación eterna.
La palabra de Dios.
Oración: ¡Ruégote o Señor, de Cielos, Mares y Tierras, que te apiades de este ser, que va errante en su camino, más hoy le guía la fe de bajar sobre la Tierra para procurar el bien. Padre nuestro, con dolor de corazón, yo te pido de rodillas, perdón para el pecador. Perdónanos a nosotros y danos hoy de tu amor. Santifica tu el trabajo, el pan de nuestro sudor. Sin producir mas alguno, recoged esta oración, que a ti Padre de los Cielos, te elevo con todo amor. Y en los próximos días. Bendícenos, Señor!.
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